Francisco José de Caldas:

Un hijo de los Andes

Texto: Wendy Valencia :

Los Andes que vienen del sur encuentran tres caminos en la Nueva Granada, cerca de la Provincia de Popayán donde, en 1768, nació Francisco José de Caldas. Allí, tempranamente fue fascinado por las montañas, por las que profesó una profunda pasión evidenciada en su legado científico. Además de los Andes, su corazón fue cautivado por la contemplación del cielo nocturno, y es que en la cima de las montañas se está más cerca de las estrellas. Desde pequeño, Caldas quiso entenderlas, cuestionarlas, imaginar su forma y presentir la vastedad del universo.

En la casa paterna siendo muy niño convenció a sus padres para que le hicieran un Observatorio Astronómico en el patio. Sus primeras palabras fueron luna, estrella, lucero vespertino y eclipse. Prematuramente llenó su espacio y tiempo con las alegrías del conocimiento, siempre con una pregunta en la mente lista para ser formulada al fenómeno más cotidiano: al movimiento del trompo, a los vientos que alzaban sus cometas, a las carreras de los otros niños. De su capacidad de asombro y curiosidad profunda devino el deseo del estudio riguroso y la observación de la naturaleza para arrancarle sus secretos, entender su melodía y organización.

Durante todo el colegio conservó su pasión por la ciencia que además fue alentada por su maestro José Félix de Restrepo. Cuando terminó el colegio  se trasladó a Bogotá, donde estudió Jurisprudencia en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, para darle gusto a su padre. Muchos años después regresaría allí, pero ya para enseñar ciencias naturales. Esos años de estudio de las leyes no disiparon su interés investigativo y cuando se gradúo empezó sus viajes comerciales, donde sus observaciones de la naturaleza comenzaron a adquirir el carácter de una verdadera empresa científica. Caldas era un genio esencialmente intuitivo, muy alejado de la élite científica de Europa; esto hizo que se forjara en aislamiento, siendo su propio artífice y creador, y desarrollando una gran destreza para fabricar sus instrumentos. Además de los equipos que él construía también logró obtener termómetros y barómetros con los cuales medía y anotaba sistemáticamente todo lo que veía: la altitud y la posición astronómica de los lugares que visitaba, sus características climáticas, como la temperatura y la humedad; así como sus particularidades geográficas, el paisaje montañoso, la distribución de la flora y los cambios en los ambientes; convirtiéndose poco a poco y tras mucho trabajo, en un buen conocedor de historia natural, geografía y astronomía.

Francisco J. de Caldas. Ilustracion por Juan David Cano.

Decidió poner su conocimiento teórico en práctica midiendo, en 1796, la altura del cerro Guadalupe que bordea Bogotá, realizando mapas de pueblos y otros lugares que visitaba y más de 9 perfiles de altura con la distribución de las plantas útiles, entre otros mapas, razón por la cual se le considera el padre de la geografía colombiana. Incluso desarrolló un método novedoso para medir la altura de las montañas sin necesidad de un barómetro y que es considerado su mayor aporte científico. Durante una excursión al volcán Puracé en 1801, midiendo la temperatura de la nieve se le rompió el termómetro y mientras lo reparaba en Popayán, lo calibró utilizando el punto de ebullición del agua como referencia. Con base en varios experimentos y consultando en algunos libros, Caldas concluyó que  el punto de ebullición del agua variaba con la altura y encontró que solo con el termómetro podría determinar la altitud con un alto grado de precisión. Sus sensaciones tuvieron varios matices, como la excitación incuantificable ante un descubrimiento, que contrastaba con su tristeza por la sensación de aislamiento, ya que lejos de la comunidad científica no podía saber si realmente se trataba de una novedad. 

Billete de un peso del Banco de la Republica de Colombia con alusion a Caldas.

El último día de este año se encuentra con los naturalistas europeos Humboldt y Bonpland y los acompaña durante algunos viajes y con los cuales discute diversos temas científicos. Humboldt se sorprende porque un criollo conozca tanto sobre el mundo natural sin tantos libros y tan lejos de Europa, e incluso se  sorprende mucho de que Caldas haya llegado independientemente a conclusiones similares sobre el cambio de la vegetación con la altura. A pesar de las habilidades del naturalista neogranadino, Humboldt no lo considera para su expedición, lo que devasta anímicamente a Caldas.

Esto marca un punto de giro en la vida del científico criollo y se dedica con más fuerza al naturalismo, uniéndose en 1802 a la Expedición Botánica de Mutis como miembro honorario, haciéndose cargo de producir información sobre la flora de Ecuador. Durante este período viaja recolectando plantas, elaborando herbarios, midiendo altitudes y desarrollando la geografía de las plantas. Caldas siempre fue un atento observador de la naturaleza, para él no había nada insignificante, nada pequeño, nada discordante; miraba el mundo viviente con respeto y atención, logrando abstraer patrones a gran escala sobre la distribución de los seres vivos.

En 1805 regresa a Bogotá para conocer a Mutis, entregarle su trabajo sobre Chinchografía o el estudio de las plantas de quina, y la información recolectada en Ecuador con un herbario de más de 6000 plantas. Este año Mutis lo nombra como el director del Observatorio Astronómico, y entonces puede dedicar todo su tiempo a la contemplación nocturna, feliz en esa soledad imperturbable y sólo atravesada de los conocimientos sublimes que desentrañaba del cielo. Siempre interesado en el compartir de las observaciones naturalistas, empieza a gestar el primer espacio para la publicación de temas científicos. En 1808 sale a la luz el Semanario del Nuevo Reino de Granada. Sus páginas reflejaban su profunda creencia en la divulgación, en compartir conocimiento científico. Para el payanés la ciencia significaba una actividad social en la que el establecimiento de redes y medios de comunicación, así como el uso de un lenguaje común era esencial para crear una cultura nacional de amor por el territorio.

Para Caldas avanzar en la puesta en común del conocimiento era hacer resistencia a la corona española, que en parte había logrado la sumisión del pueblo americano manteniéndolo en la ignorancia, lo que dificultaba el progreso de los talentos criollos dejando así a sus colonias sin industria sin maquinaria y sin ciencia. Francisco José de Caldas participó activamente del proceso de independencia, escribiendo, militando y organizando reuniones de los patriotas y juntas políticas en el Observatorio Astronómico; siendo uno de los principales próceres y líderes intelectuales de la liberación de la Nueva Granada. En 1810 funda el Diario político de Santa Fe que fue el primer periódico de la República, donde se abordaban temas sobre el movimiento independista, economía política y revolución sin descuidar la publicación del Semario en el que siguió publicando temas científicos.

Ante la inminencia de una reconquista, busca refugio en la finca de unos parientes donde finalmente es capturado por los españoles en 1816. Es sentenciado a muerte el 22 de Octubre por ser “Ingeniero General del Ejército Rebelde” y por “traición al Rey”, y es confinado en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario; siete días después es fusilado por la espalda. Este hijo de los Andes pasó sus últimos días en un lugar donde se mezclaron varias pasiones como la ciencia y el compartir del conocimiento, ya que allí muchas veces habló de la vida de las estrellas y las constelaciones de biodiversidad que se recambian con la altura en las montañas.

Billetes de 20 pesos del Banco de la Republica de Colombia con alusion a Caldas.

Estampillas alusivas a Caldas. Colombia