LOS GUARDIANES Y GUARDIANAS
DEL ORO DEL MAGDALENA

Por: Mariana Alejandra Moscoso Rodríguez
       Javier Alejandro Maldonado Ocampo

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Abril 15, 2017

Educar en lo ambiental  en la perspectiva del posconflicto tiene que ver con generar parámetros de conductas y/o transformaciones culturales, que permitan una nueva manera de relacionarse con la naturaleza y de cuidarla. El querer al río a pesar de los estragos que ha dejado la guerra en el tejido social y los incomprensibles daños del desarrollo en sus aguas, se fundamenta en las ideas de poner el conocimiento al servicio de las comunidades permitiendo proyectar y desarrollar la reconstrucción de un país responsable con el entorno.

Preparar a la población para la protección de los ecosistemas de una forma equitativa e incluyente proclama una nueva manera de concebir la naturaleza y a esto lo acompaña un propósito de buena conducta,  donde se conecte la sociedad en un dialogo permanente para la adquisición de compromisos y responsabilidades en el ámbito de la defensa y la recuperación del territorio.

Estas enunciaciones se convirtieron en retos para la Sociedad de Conservación de la Vida Silvestre (WCS) y la Fundación Humedales quienes a partir del  2012 se instalaron con el proyecto “Vida Silvestre” en los territorios de Bocas del Carare, San Rafael de Chucuri y los asentamientos de la Ciénaga de Chucuri en el Magdalena Medio, Colombia, con el objetivo de proteger al Bagre Rayado u Oro del Magdalena (Pseudoplatystoma magdaleniatum). Desde el 2015 empezaron a integrar a las comunidades próximas al río Carare, Magdalena y San Jorge en su conservación por medio de la participación, acompañándolos en todos los procesos relacionados con la organización y gestión ambiental. Hoy en día, estas zonas están potencializadas con poblaciones fortalecidas, conscientes, activas, gestoras y multiplicadoras. Estas son las características de los Guardianes del Oro del Magdalena. Esta es su historia.

1. El Antecedente

Entrevista a Sandra Hernández, Bióloga Pesquera, Fundación Humedales

2. El Proyecto

María Antonia Espitia. Coordinadora del Proyecto "Vida Silvestre" de la región de Magdalena Cauca

3. El Recurso

Migrante, pulposo, sin espinas y sustancioso, el Bagre Rayado fue un indicador de la abundancia íctica que albergaba la Cuenca del Magdalena-Cauca en la década de los 60.  Componente importante en la actividad pesquera, sus capturas representaron más del 50% de las capturas totales de las subiendas o periodos de migraciones.  Los recuerdos de su captura son referenciados por los Bagreros como oro, pues esta especie iluminaba la cuenca con riqueza, la misma que despertaría ambición en sus captores y que 20 años después, llevarían al Estado colombiano y a la academia a advertir sobre los riesgos de extinción de la especie.

La sobre pesca, el manejo irresponsable de las artes de pesca y la degradación de su hábitat han marcado un destino sombrío para esta especie. Estudios recientes han demostrado que la estructura de edad del Bagre posee notables transformaciones en los últimos 40 años, la edad media de captura ha disminuido a la mitad en estas cuatro décadas, siendo de ocho años en 1973 y de cuatro actualmente   . Esta disminución demuestra que se están pescando ejemplares juveniles, entre 60 a 80 centímetros de longitud total,  cada vez de menor talla, siempre inferior a la talla de madurez que en sus tiempos de abundancia alcanzaba 1,5 metros    y que hoy en día está alrededor de los 65 cm para los machos y de 89 cm para las hembras, lo cual ha alertado a la comunidad de investigadores y pobladores de la cuenca ya que esto tiene implicaciones directas con los periodos de desove y/o candeleo, que es la garantía para la renovación y continuidad de la especie. 

En el 2002 debuta el “Libro Rojo de las Especies de Peces Dulceacuícolas de Colombia”, documento que oficializó las diversas categorías de amenaza para las especies y que ubicaba el estado a nivel nacional del Bagre Rayado como en peligro y a nivel de la cuenca Magdalena-Cauca como crítico. En ese entonces el bagre rayado del Magdalena era considerado la misma especie que se encontraba distribuida en otras cuencas importantes del país como el Amazonas y Orinoco (Pseudoplatystoma fasciatum).  Se adjuntaron medidas y propuestas de conservación como la veda anual o prohibición de la pesca en dos periodos que señalan los momentos en que los bagres desovan, la primera del 1 a 30 de mayo y la segunda del 15 de septiembre al 15 de octubre, así como también la formulación de la talla mínima de captura (80 cm) y la fijación de  métodos saludables de pesca.

En el 2002 se desconocían aspectos biológicos del Bagre Rayado, sin embargo, gracias al avance de la ciencia y al interés por ampliar y documentar la historia natural del Bagre,  la segunda publicación del “Libro Rojo de las Especies de Peces Dulceacuícolas de Colombia”, que tuvo lugar en  2012, en donde ya se había formalizado la descripción del Bagre del Magdalena como una nueva especie para la ciencia, diferente a la de las cuencas de Amazonas y Orinoco y cuyo nombre asignado es referente del río (Psedoplatystoma magdaleniatum) recopila la información generada hasta el momento sobre la especie y ratifica su categoría nacional de amenaza como: En peligro crítico.


 

4. Los Guardianes y guardianas del Oro del Magdalena

La región del Magdalena Medio es una evidencia del descuido al cual ha estado inmersa la cuenca por parte del Estado colombiano y revela una narrativa histórica excluyente donde predominan el modelo de lo masculino, de lo blanco y de lo militar generando una homogenización socio-económica que produce necesidades que abarcan la carencia de asistencia médica, educación y servicios públicos; suministros ausentes que se han convertido en obstáculos que interfieren en el desarrollo económico y social de estas poblaciones. Sumado a esto, las consecuencias que ha dejado el conflicto armado en el tejido social son complicadas pues el miedo, la desconfianza y la incredulidad son características que toman tiempo en desvanecerse pues afecta directamente el desarrollo de la personalidad, la abolición de prejuicios, el deterioro de la autoestima y la identidad. Estas son algunas de las huellas que dejaron diversas situaciones de conflicto y que de cierta manera hizo que entre las comunidades ribereñas existiera una frontera casi abismal que imposibilitaba el dialogo, la amistad y la cooperación colectiva.

No obstante, desde el 2015 WCS y Fundación humedales, a través de una estrategia comunitaria y en talleres de trabajo, iniciaron la socialización para dar a conocer los planes de conservación del Bagre Rayado y la importancia del trabajo realizado en conjunto. La divulgación de los resultados de las investigaciones en las poblaciones bagreras permitiría la comprensión integral del territorio y del recurso, un conocimiento que se complementaría con la participación local pues los bagreros y bagreras al conocer el recurso dada su vocación, agregaría información valiosa  para la reordenación del territorio y la reformulación de las medidas de conservación del Bagre Rayado. Estos guardianes y guardianas de la especie han generado resultados admirables de organización social claves para la implementación de esas medidas de conservación y la reconstrucción del tejido social. 















 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



La creación de la Asociación de Mujeres de Bocas del Carare (ASOMUCARE), cuyo trabajo es esencial pues evidencia la solidaridad de las mujeres que diseñan estrategias de trabajo para aportar a la canasta familiar, son un ejemplo claro. Así mismo, las Asociaciones de Pescadores de San Rafael de Chucuri y Bocas del Carare, y su participación en la creación de la Mesa del Bagre que integra los gremios de pescadores a lo largo de la cuenca del Magdalena-Cauca son dignos de reseñar. Estos espacios de diálogo comunitario en los cuales también se interactúa con otras organizaciones no gubernamentales e instituciones del estado han sido importantes en aspectos tales como: la reformulación de la Veda, la definición de áreas de conservación, la prohibición y regulación de artes de pesca, así como los trabajos alternativos que se pueden desarrollar en época de veda como la limpieza y restauración de canales de conexión entre el río y las ciénagas. 






 

 













Tal es el empoderamiento de las comunidades involucradas en el proyecto que el orgullo por los logros alcanzados salta a la vista y es por esto que no pierden oportunidad de comunicar lo que están viviendo, siempre resaltando la importancia de la relación ecosistemas-cultura y sociedad-naturaleza. Es claro, que la llegada del Proyecto "Vida Silvestre" brindó los espacios para inculcar el buen vivir, el engendrar  esperanzas e ilusiones y entusiasmo de construir nuevas formas de relacionarse con su ser, con sus vecinos y vecinas y de trabajar por primera vez en la historia del Magdalena Medio, en comunidad  en torno a salvaguardar un recurso cuyo valor cultural y ecológico es invaluable. 














 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El proyecto ha creado herramientas para la disminución de la violencia y el conflicto en general, el Bagre Rayado se ha convertido en un símbolo de la paz, esta posibilitando ver la vida más allá de como la ve la guerra, es un motivo de reflexión, de pensar de manera colectiva lo que conviene, es una herramienta filosófica capaz de idear algo más allá del instante, del hoy, de crear un mañana armónico basado en la experiencia de sobre explotación que han tenido los ríos y convertir esa vivencia en una experiencia que los llevará a actuar de forma diferente, responsable, incluyente y comprometida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

















 

Julio César Palacios
 Pescador, Bocas del Carare, Santander
Walflram Martínez
Pescador, San Rafael de Chucuri, Santander

Notas.

1.  M.Valderrama, S. Hernández,  M Pinilla, c. Barreto Estado de las Pesquerías, The Nature Conservancy. 

2.  Miles, C. 1971. Los Peces del río Magdalena. Universidad del Tolima.

3.  Luz F. Jiménez-Segura, Jaime Palacio, Raúl López. Características biologícas del Blanquillo (Sorubim Cuspicaudus), Littmaan, Burr Y Nass, 2002. Y Bagre Rayado (Pseudoplatystoma Magdaleniatum) Buitrago Suárez Y Burr, 2007, (Siluriformes: Pimelodidae) Relacinadas con su producción en la Cuenca Magdalena, Cauca.

 

4,5.   Mojica, J.I., Usma, J.S., Álvarez-León, R. y Lasso, C.A. (eds). 2012. Libro rojo de peces dulceacuícolas de Colombia 2012. Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia, WWF Colombia y Universidad de Manizales. Bogotá, Colombia. 

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María Rodríguez, Pescadora 
Bocas del Carare , Santander