Viaje al Páramo del Sol

Fotos y texto por: Santiago Ramírez Restrepo

Video: Gaviero Filmes

Páramo del Sol/Espeletia sp 

La gran riqueza biológica con la que cuenta el municipio de Urrao se hizo evidente para nosotros a lo largo del extenuante recorrido hasta el Páramo del Sol, cuya máxima altura alcanza casi los 4000m.  Partimos de la vereda El Chuscal, tomamos el camino que pasa por la quebrada Santa Bárbara para luego continuar por el El Quince, La Esperanza y Puente Largo, hasta terminar el la Piedra del Oso. 

 

Cargamos el equipaje más pesado en una pequeña recua de mulas y emprendimos nuestro acenso por la vertiente oriental de la cordillera occidental dirigidos por Alejandro Herrera “El Mono”, un joven con una marcada tradición arriera que ha pasado por generaciones en su familia y que hoy vive de transportar grupos de estudiantes, investigadores y turistas al Páramo. Cruzamos varias quebradas, afluentes del río Urrao que a su vez es uno de los principales afluentes del río Penderisco que más tarde atraviesa el valle y suple de agua al municipio de Urrao y a diferentes zonas de riego en su extenso recorrido.

 

Luego de caminar por algunos potreros, el terreno pasa rápidamente a convertirse en paredes y el suelo pantanoso que dificulta cada paso anuncia el lugar hacia donde nos dirigimos; un frágil ecosistema que actúa como fábrica productora del agua de la que dependen miles de personas.

 

Durante las numerosas paradas para descansar, notamos las abruptas transformaciones que sufre la flora en el paisaje.  Esto se debe a que los cambios de altura, presión, temperatura y oxígeno en el ambiente generan condiciones muy variadas que permiten el desarrollo de ecosistemas que van desde las selvas pluviales hasta los bosques montanos y los páramos, que albergan gran biodiversidad y presentan un alto porcentaje de endemismo. 

A unos 2700 m los grandes tapetes de musgos y líquenes de infinitas formas comienzan a dominar el paisaje, acompañados de enormes robles, helechos arborescentes y bromelias que entre la espesa niebla hacen del bosque nublado un lugar mágico.

 

El camino se prolonga por varias horas en las que la falta de oxígeno y las empinadas pendientes imponen su ritmo a la caminata.  Solo hasta ver el primer frailejón (Espeletia sp.), especie dominante en estas alturas, nos damos cuenta de que por fin estamos apunto de entrar al Páramo del Sol, uno de los lugares más altos del Departamento de Antioquia.

Hacemos nuestro campamento base a 3.600 m en un sitio llamado la Piedra del Oso.  Este lugar debe su nombre a la presencia del oso andino u oso de anteojos (Tremarctos ornatus) que en el pasado era fácil de avistar en sus cercanías. Ahora sabemos que tendríamos que contar con muchísima suerte para toparnos con él debido al dramático declive que sufrieron sus poblaciones en el último siglo como consecuencia de la pérdida de su hábitat y, particularmente en esta localidad, de la cacería indiscriminada que sufrió por parte de colonos que lo consideraron una amenaza para sus cultivos y ganado y por la creencia en las propiedades medicinales de su sangre, huesos y genitales.

 

En nuestro primer día en el páramo nos dirigimos hacia un complejo lagunar a unas horas de distancia. Cruzamos por extensos campos de frailejón, especie que presenta un crecimiento muy lento, que puede alcanzar a medir más de dos metros y es coronada por un espiral de hojas suculentas y pubescentes que sirven para retener agua y, dependiendo de la época del año, por flores amarillas.

Antes de mostrarse, la laguna se anuncia con una gran variedad de líquenes y musgos en todas las tonalidades de verde. Nuestro paso se hace lento pues nos hacemos consientes de que podemos destruir un micro mundo riquísimo en formas y texturas con cada pisada y al mismo tiempo sumergirnos hasta las rodillas en las aguas de este humedal al que estamos entrando.

El clima varía en cuestión de minutos.  Sin previo aviso puede pasar de cielos despejados con una intensa radiación solar a fuertes lluvias y densas neblinas que reducen la visibilidad a unos pocos metros. Esto se debe a una compleja dinámica de corrientes de aire que llegan desde el Mar Caribe por el norte y desde el Océano Pacífico por el occidente.

 

Nuestra meta para el segundo día es llegar al punto más alto de la montaña, el Alto de Campanas.  Ahora, además de los frailejonales, debemos subir escarpados peñascos de roca desde donde podemos apreciar la inmensidad del Páramo. Luego de varias horas coronamos el alto.  Allí los guías prometen las más espectaculares vistas hacia la Laguna de Campanas al norte y hacia las selvas chocoanas y el inmenso río Atrato al occidente.  Estos paisajes nos eluden pues una densa nube, que en minutos se convierte en una violenta tormenta de granizo, cubre por completo la cumbre de la montaña y solo permite ver tímidamente la laguna por breves momentos.

Caída la tarde emprendemos nuestro regreso al campamento. A medida que descendemos, el cielo se despeja mostrándonos un imponente atardecer que renueva nuestros ánimos para el retorno. La noche cae y el páramo nos regala en este último trayecto un cielo completamente despejado y lleno de estrellas.  Este espectáculo, que ocurre principalmente en época de verano, hace que valga la pena salir de la carpa en las frías noches.

El último día aprovechamos para observar con mas detalle esta “fábrica” de agua en donde una gran cantidad de materiales orgánicos e inorgánicos actúan como esponjas, cumpliendo cada uno su función de atraparla, purificarla y encausarla gota a gota para luego formar pequeñas quebradas, cascadas y ríos.  Es así como empezamos a entender por qué esta es una de las reservas hídricas más ricas y conservadas de la zona sur-occidental de Antioquia y nos damos cuenta de que el páramo es como el oso de anteojos, que a pesar de su fuerza y su grandeza, es frágil ante la capacidad destructora del hombre. 

Hoy, el Páramo del Sol, cuna de aguas que dan vida, está siendo amenazado.  La expansión de la frontera agrícola, la tala indiscriminada de árboles, los intereses mineros y otros accionares antropogénicos, están poniendo en peligro su supervivencia. 

 

La amenaza sobre este ecosistema hace urgente que nuestros pasos se encaminen hacia la realización de exploraciones que permitan un mejor entendimiento del páramo y su ecología.  Así, podrían existir planes de manejo que ayudaran tanto a los habitantes de la zona como a las autoridades ambientales a frenar su deterioro. 

Todos dependemos del agua para vivir. El Páramo del Sol, importantísima fuente hídrica de la región, debe ser protegido; es el único modo en el que podemos garantizar la perpetuidad de sus bienes y servicios ecosistémicos. Es el único modo de garantizar la perpetuidad de la vida.